Festival Mata Air

Me voy a saltear unos días, o unas semanas, porque me parece más interesante contarte esto.

A los pocos días de llegar a Yogyakarta – en Indonesia – estaba en un concierto de música contemporánea cuando se me acercó un jipón local y me contó que al día siguiente empezaba un festival en el bosque, cerca de un pueblo en las montañas, a unas 3 horas de donde estábamos. Iba con los amigos en moto y me ofreció ir con ellos.

Como comprobé que manejar un scooter en el tráfico de acá no es para mí – con calles angostas y camiones yendo contramano a 100 – a la mañana siguiente me levanté más o menos temprano y me tomé los 3 micros necesarios para llegar hasta Salatiga.

Cuando llegué todavía estaban armando, así que ofrecí darles una mano, ya que era todo gratis, de onda y por voluntarios. En un ratito conocí a toda la organización y me hice un grupo con el que pasé las 3 noches que duró la fiesta.

El objetivo del festival, que se hace todos los años, además de pasarla bien y armar un espacio artístico, es generar conciencia sobre la contaminación que hay en las fuentes de agua locales. Lo raro es que la mayor contaminación no es por las industrias, que hay pocas en esa zona, sino por los mismos residentes que tiran toda su basura al agua. Es un poco como mear contra el viento, ya sé, pero bueno, esta gente está intentando cambiar la actitud. Los días anteriores al festival se meten todos en el río y sacan toda la basura que pueden. En general son muchos y muchos kilos. Te diría toneladas pero no quiero exagerar porque no sé el número exacto.

De eso me enteré tarde así que solamente disfruté de la fiesta. Había un escenario principal donde tocaron muchas bandas, una carpa entre los árboles de música electrónica, con bandas y DJs, instalaciones por todos lados, y un grupo de gazebos donde vendían arte, artesanías, comida y estaban instaladas varias ONGs ofreciendo información.

Como me dijeron que no había mucha infraestructura de hospedaje, y que estaba todo bien con arreglarse como uno pudiera, me llevé mi bolsa de dormir. A altura, no hace el mismo calor que en el resto de Indonesia, así que vino bien. La tiré en la tierra, abajo de uno de esos gazebos – tarde, cuando cerraban – y dormí bastante bien las tres noches.

Este festival, entre otras cosas, es uno de los eventos recientes que me despertó de nuevo las ganas de ponerme las pilas con la música. Espero poder mostrar y contarte novedades al respecto pronto.

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