Aguas francesas

No me hagas reclamos; ya sé que hace mucho que no te escribo. Europa me absorbió un poco. Esta etapa del viaje fue muy distinta, mucho más social, llena de reencuentros con viejas amistades. Dejé la fotografía un poco de lado y me dediqué mucho más a disfrutar del verano, y sobre todo de la comida. ¡Lo que extrañaba el pan! Todavía no me canso de comerlo y hacerlo.

Me salteo, por ahora, la pasada por varios países y ciudades, y paso directamente a la semana pasada. Me invitaron a salir al mar, a navegar un poco a vela, trayendo un barco desde Córcega hasta Montpellier, en el sur de Francia. Por supuesto, organicé todo para salir para allá lo antes posible.

Fueron días tranquilos y de sol en general. Córcega está casi vacío, salvo por algunos puntos muy turísticos. Lleno de fortalezas genovesas y viejas ciudades de las que tantas hay por este continente.

Al final tuvimos que apurar el viaje. Se levantaba la Tramontana y mejor estar en tierra antes de que nos agarrara. Fueron unas 22 horas de navegación sin parar hasta Porquerolles, haciendo turnos a la noche. Ni bien tocamos puerto, cenamos y seguimos viaje unas 20 horas más hasta Palavas, donde terminabamos. Las noches fueron movidas, muy movidas, y admito que en algún momento me dieron un poco de ganas de bajarme. Me parece que navegar en tormenta es una de esas cosas que sufrís mientras las hacés, y estás contento de haberlas vivido cuando pasan.

Post austero este. Quizás vengan más y mejores pronto. Saludos.

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